martes, 15 de enero de 2013

"Tango monologues", CD de Juan María Solare


Pocas veces puede verse un CD tan generoso como "Tango Monologues" (Monólogos Tangueros) de Juan María Solare, pianista y compositor argentino residente en Bremen (Alemania).
Son 20 títulos que llenan prácticamente toda la capacidad técnicamente disponible en los CDs actuales: dura 79:22. Es también generoso su librillo adjunto, de 28 páginas, con textos en tres idiomas (castellano, inglés y alemán) que describen cada una de las obras.

Comienza este recital virtual con tres tangos tradicionales (Danzarín, de Julián Plaza; Malena, de Demare; y Bahía Blanca, de Di Sarli), como si el pianista dijera "antes que nada, les voy a demostrar que sé tocar el piano". El siguiente bloque presenta los tangos más "entradores" de Juan María Solare: Pasaje Seaver, Valsarín, Tengo un tango, Para Lisa (un vals).

El siguiente intermezzo es más breve: el clásico Bandoneón arrabalero, de Bachicha, y un enérgico tango de Jorge Pítari titulado Lo que se fue, en clara alusión a Lo que vendrá, de Piazzolla.

Con obras propias, Solare muestra las garras con sus obras más experimentales: Milonga Fría, una bella milonga lenta con inserciones de música electroacústica. Sigue Atonalgotán, que como el nombre indica sigue las huellas de Arnold Schönberg, el inventor de la dodecafonía y el atonalismo. Viene luego Fragmentango, que es un montaje que simula cuatro pianos tocando simultáneamente distintos fragmentos inequívocamente tangueros; y por fin la Akemilonga, una breve y simpática milonguita -un poco rara pero agradable- que relaja un clima que amenazaba nublarse.

En sus notas de programa, el compositor se refiere a este género musical como tango deconstruido, en el sentido del posmoderno Jacques Derrida: un género musical que aparentemente ha inventado Solare (al menos, no conozco otro tanguero que lo cultive). Solare lo define así: "Fragmentos que huelen a tango, pero que no son un tango tradicional (...) Sílabas tangueras pulverizadas que se recombinan para producir nuevas palabras y conceptos".

Salimos del bloque experimental con Niebla del Riachuelo, de Cobián, uno de los temas más logrados de todo el disco. Aquí se ve la formación clásica de Solare: su arreglo comienza citando el Requiem de Mozart para luego transformarse en el tango. ¿Y acaso no es esta obra maestra de la música ciudadana una especie de Requiem? "Barcos que en el muelle para siempre han de quedar..."

Sigue un par de temas tradicionales polentosos: La Puñalada, de Horacio Pintín Castellanos y Calambre, de Piazzolla. Si alguien se cansó después de la anterior biaba expresiva, aquí descansa sin problemas.

El bloque final es una síntesis de la polenta y de lo experimental, aunque con obras nada difíciles de digerir. Son todas de Solare: la Liebergmilonga, Talismán (¡un tango que parece de Bach!), el furibundo Furor (aquí el que se asoma es Béla Bartók cruzado con Oscar Peterson, mientras Chick Corea les sirve un mate).

El último tema -una despedida dolce- es Reencuentro, una milonga lenta de melodía sumamente recordable, una obra maestra de la sencillez. Es un poco el Adiós Nonino de Solare: según el librillo del CD, fue compuesta en el cementerio de San Lorenzo de El Escorial, Comunidad de Madrid, España, donde descansa la madre del pianista.

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