jueves, 6 de diciembre de 2012

Un baile en brazos de extraños, por Beatriz Dujovne


Un baile en brazos de extraños
por Beatriz Dujovne
  
uizá sea el tango una de las formas más puras de intimidad física que el mundo ha conocido. La danza comienza como comienzan nuestras vidas: confiando y abrazando a un extraño. Bailado a pleno, exalta la conexión humana a un nivel primitivo de sensaciones corporales y de profundas emociones. Su rebelde y cálido abrazo rompió las barreras de distancia física entre hombre y mujer como ningún baile anterior lo había hecho.
Foto de Giuseppe Bianco
Mi tarea es hablar del rasgo más humano del baile: el abrazar a un extraño (el otro que no nos conoce, y a quién no conocemos). La psicología y la sociología nos informan que el desconocido genera miedos y es rechazado. Todo lo contrario sucede en el mundo del tango dónde es, no solo bienvenido sino altamente valorado. ¿Qué otra circunstancia, en la sociedad, conduciría a que nos abracemos con quienes no compartimos nada y a la vez lo compartimos todo a nivel de criatura? En esta perspectiva el tango se eleva a fenómeno social.
Para estudiar la interioridad de esta danza, y de su contracultura libre para abrazar a desconocidos, busqué su matriz. Encontré a sus progenitores: masas inmigrantes populares multiétnicas, desarraigadas, rebeldes y nostálgicas, quienes lo bailaron, no en prostíbulos como nos cuenta la mitología, sino en casas de familias y clubes sociales hacia fines del siglo XIX y en salas de teatro desde los albores del siglo XX. La fusión del caudal genético-cultural nativo y del mundo (cuya enormidad reflejan los números: en 1924 había en Buenos Aires diarios registrados en 120 lenguas) que forjó nuestra identidad porteña, también dio a luz a un abrazo incluyente: bailan blancos con negros, pobres con adinerados, jóvenes con mayores, orientales con occidentales, cristianos con musulmanes. Durante el diluvio inmigratorio que comenzó concurrentemente con la consolidación del baile alrededor de 1880, no existió la discriminación que ocurrió en Nueva York. Por lo tanto no es sorprendente que el espíritu de la danza sea igualitario. Su fraternal abrazo nunca se suscribió a lo “socialmente correcto.”
Cuando caigan las hojas (de Leonardo Faillace)
En Buenos Aires, los códigos han preservado las milongas como templos para el baile. Para lograrlo dictan normativas: hombres y mujeres se ubican en diferentes áreas del salón, la invitación se hace a la distancia, los bailarines no revelan su identidad. Estos códigos no han “prendido” en el exterior dónde la gente tiende a conocerse, lo cual redobla el deseo de bailar con extraños. Se va en busca de ellos a otras ciudades, otros países, otros continentes. Esta migración es un fenómeno antropológico: llamo a sus integrantes: “gitanos del tango del siglo XXI”. Dice uno de ellos: «La primera vez que uno se conecta con un extraño... es mágico. Por lo tanto es natural que vayamos de un lado a otro buscando esas conexiones...»
Para entender el motor de estas búsquedas documenté sus historias. Algunos habían reinventado sus vidas, abandonado carreras y trabajos bien remunerados. Otros habían encontrado un compromiso entre el trabajo y el baile. La remuneración perdida era más que compensada por experiencias de satisfacción subjetivas. El siguiente viajero, habla de uno de esos tesoros: «Me siento conectado con miles y miles de personas que han bailado la misma música 50 años atrás, 30 años atrás, y con quienes la seguirán bailando cuando yo ya no esté. Siento una conexión con el pasado, el presente y el futuro.»
El extraño facilita la experiencia o fantasía de liberación en este juego, que es la danza improvisada. La redefinición del sentido de identidad es el gran legado del tango al mundo actual: «Amo a este baile, quién soy hoy ha sido definido en parte por mis experiencias de tango. Me descubrí a mí misma a través de ellas.»
Foto de Beatriz Dujovne
Estos viajeros también valoran el sentido de pertenencia, afinidad, diversidad étnica y cultural que acontecen alrededor de la danza.
Hay muchas razones por las cuáles éste arte, que es mucho más que un baile, continúa y continuará estremeciendo al mundo. En la Era de la Información que nos “contacta” con un vacío virtual, el bailar sintiendo el corazón latente del otro junto al nuestro, colma más que nunca.
Después de más de un siglo, con el barro de las orillas aún dentro de su alma, el baile satisface necesidades profundas de los habitantes del mundo entero: rescata nuestra interioridad, nos nivela con el otro y nos permite gozar de una comunicación sin límites. Derrite diferencias y nos toca en aquello que nos une: nuestra historia humana compartida. Nos habla a todos. Nos incluye a todos. Considero ésta la universalidad de un baile. De este baile en brazos de extraños.

Crónica basada en la investigación realizada en Buenos Aires y en Estados Unidos (2006-2011) por Beatriz Dujovne: “In Strangers’ Arms: The Magic of the Tango.” McFarland Publishers, North Carolina, 2011. (wwww.instrangersarms.com)

La belleza del odio


¿Puede transformase en belleza poética un bajo sentimiento? (Copio de TodoTango la letra de este tango.)


Que camine sola (Maldición)
Tango
Música: Cristóbal Ramos
Letra: Francisco De Val
Mil lobos hambrientos rodeen su casa,
una noche fría sin luna en los cielos,
por haber mentido, se quede sin habla,
sus ojos traidores que se queden ciegos.
Que ella quiera tanto como la he querido,
como fui engañado que engañada sea.
Que no tenga lumbre, cuando tenga frío,
que no tenga nada, de lo que ella quiera.

¡Que camine sola!, como yo camino.
Que vaya vestida de luto hasta el fin,
que sea tan negro desde hoy su destino,
que ya nunca sepa lo que es sonreir.
Buscando una fuente, que caiga extenuada,
que seca la encuentre al ir a beber.
Que sólo zarzales vean sus miradas,
ni un arbol encuentre que sombra le de.

Que un día su mano golpée mi puerta
y que una limosna me pida llorando.
Que sobre una acera nevada y desierta
la encuentre caída, sin nadie a su lado.
Que al verla se asusten y corran los niños,
le ladren los perros, que nadie la quiera,
que ya nunca sepa lo que es un cariño,
que junto a mi puerta un día se muera.

Puede escucharse en la voz de Héctor Mauré.
http://www.todotango.com/spanish/las_obras/Tema.aspx?id=YqjhrK9iMX8=

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Tango de 1935 dedicado a Gardel


EL PAJARO MUERTO

Tango
Letra: Edmundo Bianchi yJuan Carlos Patrón
Música: Pintín Castellanos.
Como pájaro ebrio de horizontes azules
te alejaste soñando sin dejar de cantar...
La flecha del destino atravesó tu vida!
Golondrina querida, ya no retornarás...

En vano las serenas noches de plenilunio
aguardaron las novias que empiece tu canción...!
Al comenzar el alba su cosecha de estrellas
con lágrimas calladas cerrarán su balcón...
 

RECITADO: Eternamente abierta esperará el regreso
la pupila amarilla de un farol de arrabal
Y el árbol de la Pampa soñará con el nido del
pájaro viajero que ya nunca tendrá...
 

RECITADO: Cuando las tardecitas se deshojen serenas
no brillará la estrella de tu divina voz....
Y cuando todos duerman, la guitarra colgada
llorará la tristeza de no tener cantor.

Como el ave divina de la dulce leyenda
tu imagen, del ensueño siempre vestía el tul:
 
eras el ave errante que buscan los poetas
para inspirar sus versos en su plumaje azul

Y cual de ave, tu vida toda entera era un canto.
Era un canto tu alma, altar de la amistad
Era un canto armonioso tu varonil sonrisa.
Esa sonrisa tuya que nadie olvidará.

RECITADO: Bella misión la tuya, tu cantinela errante
hizo llorar de dicha, de dolor conmover.
Supo exaltar la vida, mover los corazones
y en las almas las plantas del amor florecer.

Tu destino de ave es un canto y un vuelo
y fue quizá por eso, que en tu ascenso triunfal
como pájaro herido cuando ya toca el cielo
caíste para siempre, para ser inmortal.

Acho Estol (comentario 2007)

El tanguero preferido del Indio Solari 


Cerebro musical de La Chicana, es uno de los compositores más prolíficos de la música urbana actual. El ex Redondito se rindió ante sus canciones.
 
ACHO SOLO SU PAREJA ES DOLORES SOLA, A LA SAZON CANTANTE DE LA CHICANA. ESTOL ACABA DE SACAR UN DISCO SOLO AL QUE TITULO "MI PELICULA" Y EN EL QUE INCURSIONA EN EL CANTO. "FUE UN DISCO QUE HICE POR PLACER. NO ME INTERESA SER SOLISTA", DICE.
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Mariano del Mazo 
mdelmazo@clarin.com


Un glorioso día de hace dos años encontró un mensaje en la página web de La Chicana que decía: "... Chapeau! (From Indio Solari)". Acho Estol no quiso creerlo. Pero tiempo después un periodista de la revista La mano le comentó que sí, que durante una entrevista el Indio había elogiado los temas de La Chicana. "Valija, pesada ¿no?" musita Estol en la penumbra de la sala de ensayo de una casa tipo chorizo muy San Telmo pero incrustada en Barrio Norte.

La Chicana son básicamente Acho en composición, guitarra y arreglos y Dolores Solá en voz, un grupo que tuvo su génesis en la agitada noche de Madrid de principios de los 90, cuando en la trastienda del boliche Candela se cocinaba lento el nuevo flamenco de Ray Heredia, Kiko Veneno y La Barbería del Sur. Coincidieron Dolores y Acho en España: ella con novio español; él con novia yanqui. Hubo un enroque largo y empezó la historia. "Teníamos gustos totalmente diferentes -dice Acho-. Dolores me vino con las coplas españolas, con Miguel de Molina, con Mecano, Luz Casal... Yo era totalmente rockero".

Nacido Horacio hace 43 años, Acho leía PeloExpreso Imaginario, le gustaban la psicodelia, Los Beatles, Who, Kinks y los músicos narrativos: "Dylan, Leonard Cohen, Nick Cave, Tom Waits. Además, soy un fanático del cómic. Todo eso, se ve, fermentó en mi cabeza". Estudió música con Antonio De Raco y también cine. Antes del encuentro con Dolores Solá era un simple curioso que le gustaba el tango; después de ese encuentro, se puso a investigar. "Iba a La Viruta, donde pasaban una música que me sonaba rara. Mucha Guardia Vieja. Arolas, Villoldo, esos tangos festivos con flauta. Lentamente me animé a componer. En el '96 empezamos con La Chicana".

La Chicana es un grupo que se presenta con el dudoso eslogan de "tango con toque rockero". Lo concreto es que haciendo pie en la música de Buenos Aires se ensanchan hacia lugares en los que caben desde Manal hasta Tom Zé. "Yo no sé qué somos. Sí sé que hay algo de actualización del tango. Es decir, hacemos claramente tango post-Beatles". Algo de La Chicana pegó en cierto imaginario europeo: hoy el grupo se embarca en giras donde el público busca más la palabra tango que la palabra rock. "No te digo que nos reciben en limusina, pero en países como España, Alemania, Holanda e Inglaterra nos tratan realmente bien."

Hace un par de meses Acho sacó su primer CD solista. Se titula Mi película y, como queda sugerido, es más un berretín que un proyecto a futuro. Canciones con aires folclóricos, cantadas con esfuerzo, frescas. "Puro placer. Pero hasta acá llegué. No tengo alma de solista. No soyfrontman. Además, seamos sinceros, debería tomar clases de canto".

Habla de ciencia ficción, de Miguel Cantilo, de Los Jaivas y Pink Floyd. Cuenta anécdotas de Prima Rock, se desmarca de la nostalgia y pregunta un poco harto, un poco resignado: "¿Alguna vez vamos a vivir el tango sin tantas presiones, sin temor a la herejía? ¿Alguna vez vamos a vivir el tango con alegría?"

sábado, 1 de diciembre de 2012

Hugo del Carril, por Irene Amuchástegui


Hugo del Carril: El cantor que nació maduro
Hoy cumpliría cien años quien fue símbolo del espectáculo nacional, que unió en los años ‘30 y ‘40 al tango y al cine como industrias florecientes. Semblanza de un cantor, galán y director.
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·         Hugo del Carril
30.11.2012 | Por Irene Amuchástegui
La predilección que el cine nacional tuvo, en alguna época, por la recreación de la historia del tango, habilita algunos ligeros y voluntarios anacronismos. En la pantalla, la imagen de Hugo del Carril apareció varias veces asociada a las primeras décadas del siglo XX porteño, desplazamiento que le sentaba a la perfección a su estilo de galán-cantor (ejerció los dos roles con sutileza exquisita). Lo hemos visto defendiendo el honor del proscripto tango criollo o contrabandeando un 2x4 en el salón del piano de una ruborizada damita-joven, y aún en épocas del proto-tango, cantando bajo la lona del circo o pulsando en la guitarra la introducción de unas décimas payadoriles, iluminándose a candil, trasladándose en coche a caballo o gastando polainas. Mejor no podría reencarnar el repertorio, la estética y la épica fundadora de aquel tiempo.
Sin embargo, el tango ya había traspasado los zaguanes y entraba adecentado a los círculos de la élite, para cuando Piero Bruno Hugo Fontana nació, el 30 de noviembre de 1912. Precisamente ese año el tango había sido aprobado por la aristocracia porteña reunida por el barón Demarchi en el Palais de Glace, tras escuchar a la orquesta típica de Genaro Spósito y ver bailar a dos parejas.
Lejos de ser un pionero, Hugo del Carril podría ser considerado epígono de una época del espectáculo nacional: la que en los años ‘30 y ‘40 unió al tango y el cine como industrias florecientes. El tramo que le tocó recorrer comenzó justo donde moría la huella de Gardel, y llegó hasta la marquesina de S iempre fuimos compañeros , compartida con Donald (el del sucundum ) en la era del eastmancolor , pasando por algunas de las mejores páginas del repertorio del tango-canción de las décadas doradas. No exageraba al afirmar: “Hice mucha acrobacia dentro del arte popular...”.
Piero Fontana, nacido de un matrimonio de inmigrantes italianos y criado por una pareja de inmigrantes franceses, selló sus primeras lealtades en el barrio de Flores, con amigos que conservó toda su vida y paisajes a los que siempre siguió apegado. Comenzó como speaker en Radio El Pueblo, donde hacía algunas intervenciones como estribillista de las orquestas que se presentaban en vivo, procurando variar el seudónimo y el estilo: Hugo Font, Carlos Cáceres, Pierrot, Oro Cáceres...
Su primera grabación -como estribillista de la orquesta de Edgardo Donato- es de 1935, precisamente, el año de la muerte de Carlos Gardel. En la carrera por imponer un sucesor de Gardel, Luminton apostó fuerte a Hugo del Carril, cuyos talentos se fueron revelando como en un juego de cajas chinas: el disco lo mostró como un cantor delicado y singularmente maduro (se diría que nació maduro); el cine descubrió su prestancia; por añadidura, y esto ni en sueños se pretendía de un cantor-galán, resultó ser buen actor.
En su plenitud vocal sin vanaglorias, tanto como en la digna economía de su voz menguante, Del Carril puso la técnica al servicio de los matices. Se formó entre 1935 y 1942 con la soprano napolitana Elvira Colonnese -que a finales del siglo anterior había inaugurado el Teatro Argentino de La Plata-. Si el tango dramático convenía a su caudal excepcional, la cuerda romántica y la milonga suburbana eran por igual afines a su sensibilidad, y ocasionalmente amplió el arco de géneros en la tradición del cantor nacional -hizo cueca, pasodoble, candombe, bolero-. Sus acompañamientos más habituales en los discos fueron la orquesta dirigida por Tito Ribero, y las guitarras, amoldadas a un fraseo acompasado al que se sujetaba por convicción. De su versatilidad no hay dudas: podía alternar el melodrama con la picardía, la sobriedad con el swing, una campera melancolía con una marcha sindical.
Por encima de formidables versiones - Yo soy aquel muchacho , Esta noche me emborracho , la sublime grabación de Betinotti que entrama la milonga urbana con la milonga payadoril, su favorita Madame Yvonne , por mencionar un puñado-, Hugo del Carril será para siempre “la voz de la marcha”. Se dice que Homero Manzi lo acercó al ideario del peronismo, y que por mediación de Nelly Omar volvió a entrar en contacto con Eva Duarte -con quien había compartido el set de La cabalgata del circo -. En 1949 cantó los Versos de un payador a la señora Eva Perón y los Versos de un payador al General Juan Perón , de Manzi, además de grabar Los muchachos peronistas , con orquesta de Domingo Maraffiotti y coro de Fanny Day.
“Los sueños de mi padre y de mi abuelo, los cristalizó Perón. Entonces: ¿cómo puedo dejar de ser peronista?”, decía. Sus propios sueños quedaron truncos. Después del golpe que derrocó a Perón en 1955, Del Carril fue preso y perseguido (antes, lo había proscripto el temible subsecretario de Informaciones de Perón, Raúl Apold).
“Muchas de mis aspiraciones artísticas fueron envejeciendo conmigo”, cavilaba. Con una sosegada resignación, observó: “El tango perdió su idioma propio. Perdió la imagen y el argumento del arrabal, del suburbio de adoquín, barro y lata...”. Al recibir a la decaída diva Fanny Navarro en el set de La calesita , en 1962, la animó con nostálgico entusiasmo: “Hay olor a cine de antes...”.
Murió el 13 de agosto de 1989.